Por César Huerta ortíz

Las manos y la creatividad de una mexicana han vestido a cientos de personas y personajes en Hollywood y ahora lo hará también para Jenna Ortega para su nueva película.

Mayes C. Rubeo, responsable del vestuario de Avatar, WandaVision y Apocalypto, ahora se metió en una historia de ficción para vestir a Jenna Ortega como una amiga artificial que busca acompañar a una adolescente enferma.

“Klara y el Sol”, basada en la novela de Kazuo Ishiguro, premio Nobel de Literatura, y que llega hoy a salas comerciales, ha sido la película que ha unido a ambas bajo la dirección de Taika Waititi.

“Está ubicada en el futuro. A a los muchachos se les pide que estudien más, pero en el proceso algunos enferman y mueren. Y bueno, hay tiendas para conseguir amigos artificiales y Jenna es una de esas amigas”, comenta la nacida en la Ciudad de México.

“El vestuario, aunque normal, necesitaba ciertas cosas; el de los amigos tiene un estilo (tipo bata escolar). Al personaje de Jenna, que tiene apego por los humanos, se le dice que no se involucre sentimentalmente con ellos, porque después la van a botar, que un mueble o una lavadora es igual a ella”, apunta.

La película se filmó hace dos años en Nueva Zelanda y fue otro trabajo de Rubeo con Waititi, pues estuvo con él en la oscareada Jojo Rabbit.


Primeros pasos

Mayes, nominada al Oscar 2020 por su trabajo en ese filme, ubicado en la Segunda Guerra Mundial, ha trabajado en los estudios Marvel, incluyendo las cintas Deadpool & Wolverine y Thor: Amor y trueno; El planeta de los simios: Nuevo reino y La gran muralla.

La importancia del vestuario es que, desde el primer segundo, el público ya debe percibir la personalidad de quien ve en la pantalla, como el humor, la clase social y hasta gustos. La creativa es hija de un reportero gráfico que paulatinamente se fue metiendo al mundo audiovisual.

Ella no quería saber nada de eso, pero conoció al diseñador de producción italiano Bruno Rubeo (El mercader de Venecia y El abogado del diablo), se enamoró y se fue con él a Los Ángeles, donde comenzó a estudiar vestuario.

Ahora Mayes ya contabiliza más de tres décadas en el mundo cinematográfico.

En 1990 trabajó en The Dreamer of Oz, pero era la última del escalafón. Un día se dio cuenta de que a sus compañeros les daba pereza planchar las camisas de los actores y decidió, sin avisar, llegar a las cinco de la mañana y hacerlo.

Todos preguntaron quién había sido y, cuando supieron, le pidieron seguir yendo más días.

“Fue la ventanita que encontré y me fui metiendo”, recuerda.

Además de “Klara y el Sol”, Mayes espera el estreno de la secuela de “El duro”, cinta de luchadores que lleva en el estelar a Jake Gyllenhaal, sin fecha de lanzamiento.

“Yo decía que iba a estar el rodaje lleno de testosterona, insoportable y ni modo (risas), pero resultó que los luchadores son personas lindas y llenas de amor. Es un vestuario muy normal, nada elevado, pero muy divertido”, indica.


De dioses y héroes

Para “Apocalypto”, de Mel Gibson, Mayes aprovechó los estudios que su marido había hecho de la cultura prehispánica y estuvo en comunidades estudiándolas. Se especializó en colores, telas y texturas.

“Al final, Mel me dijo que no era un documental, que se necesitaba llamar la atención del público y eso se hizo”, recuerda.

James Cameron conoció su trabajo en “Apocalypto” y la llamó para “Avatar”. Rubeo y su equipo diseñaron en los Estudios Churubusco el vestuario de unos 150 personajes, que ella llevaba a Los Ángeles para mostrar al director.

“James me decía que sí, pero que ahora lo hiciéramos de otro color, aaah (risas). No es malo, pero sí rígido y eso se agradece”, cuenta.

En WandaVision creó casi todo el vestuario desde cero, algo inusual en Marvel, y homenajeó el traje original de la Bruja Escarlata en una escena de “Halloween”: “Y me dieron el Emmy”, dice orgullosa.

Mayes, quien fue jurado del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, formó recientemente un grupo de vestuaristas latinos para apoyar a nuevos talentos.

“La administración de Trump nos ha unido más. Cuando voy a un proyecto pido llevar cuatro o cinco latinos. Las producciones prefieren contratar gente local, pero hay que abrir espacios”, apunta.

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