Fotografía: Gustavo Rosso/Patagonia Visual Solutions

Bakersfield, California.— La activista por los derechos civiles Dolores Huerta, cofundadora del primer sindicato de trabajadores agrícolas del país e impulsora del popular lema “Sí se puede”, falleció este miércoles a los 96 años de edad, informó su familia.

Considerada una de las mujeres latinas más influyentes del país, la sindicalista nació en el pequeño pueblo minero de Dawson, en el estado de Nuevo México, el 10 de abril de 1930, aunque pronto se mudó a la población agrícola de Stockton, en California, estado donde llevó adelante sus batallas, las últimas desde su Fundación Dolores Huerta.

Apenas en abril fue incluida entre las 100 personas más influyentes de la revista Time.

Su nombre y sus agudas críticas se han escuchado con mayor fuerza en medio de las redadas migratorias de la Casa Blanca. Sin embargo, este año la atención se centró sobre ella por otras razones: en marzo se dieron a conocer denuncias de abuso sexual contra su compañero de lucha César Chávez (1927-1993), con quien fundó el sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW) y de quien también fue víctima.

Dolores Huerta sufrió abuso sexual por parte de César Chávez

Una investigación del diario The New York Times reveló los testimonios de varias mujeres que acusaron al fallecido líder de abusar de ellas cuando eran menores de edad, lo que causó el desplome de una de las máximas figuras latinas en Estados Unidos y la cancelación de decenas de celebraciones en honor de Chávez.

Tras la investigación, Dolores Clara Fernández, como fue bautizada, también sacó a la luz el abuso sexual que sufrió por parte de Chávez, un secreto que mantuvo durante 60 años porque creyó que exponer la verdad “dañaría” al movimiento de campesinos por el cual había luchado su vida entera, según declaró.

Los abusos resultaron en dos embarazos que Huerta mantuvo ocultos para después dar en adopción a las niñas que tuvo, aunque ha mantenido vínculos muy cercanos con ellas toda la vida.

En una de sus primeras entrevistas tras las revelaciones, Huerta explicó su decisión de callar por tantos años. “Realmente creo que sí, que aquello (denunciar la violación) habría supuesto el fin del movimiento; prácticamente desde sus mismísimos comienzos”.


La encrucijada de Dolores Huerta

Stephanie Lemus, profesora de Estudios Étnicos en Orange Coast College, señala la encrucijada que la sindicalista vivió: por un lado el movimiento que externamente buscaba la justicia social y el derecho de los trabajadores, pero que internamente tenía muchos problemas, como el patriarcado, “con los hombres siendo venerados y obedecidos”.

“Dentro de un marco interseccional, tenemos que ver las dinámicas de poder de los 70 donde la mujer latina y de color era relegada”, añade la catedrática.

Un pensamiento con el que la misma Huerta creció. En una entrevista por su 90 cumpleaños, dijo a EFE que en su juventud pensaba que en situaciones de discriminación no se podía hacer nada para cambiar las cosas. “Que así es la vida”.

“Era mi dolor personal. Era mi problema personal. Y, sabe, creo que valió la pena, porque fue un precio que yo tuve que pagar… un sacrificio que tuve que asumir”, dijo Huerta.

A los 25 años, ya vinculada con los trabajadores agrícolas en California, Huerta conoció a un campesino al que no le querían otorgar una incapacidad médica y ella decidió interceder para que se le otorgaran los derechos. “Me di cuenta que cada uno puede hacer algo, y que es cuestión de organizarnos”, aseguró.

Tras la muerte de Chávez, Huerta obtuvo mayor reconocimiento y se convirtió en un ícono en la comunidad hispana, siendo reconocida por el lema que ella misma creó: “¡Sí se puede!”.

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