Un juez de control dictó prisión preventiva justificada y vinculación a proceso en contra de Carlos “N” y David “N”, los hermanos gemelos de 18 años conocidos como “Los Cuates”. La resolución judicial, emitida en el Centro de Justicia Penal de Torreón, Coahuila, imputa a los jóvenes los delitos de homicidio calificado con las agravantes de ventaja, alevosía, brutal ferocidad y saña, además de homicidio calificado en grado de tentativa.
La autoridad judicial otorgó un plazo de seis meses para la investigación complementaria, tiempo en el cual ambos permanecerán recluidos en el Cereso varonil de la ciudad.
Los hechos que derivaron en esta acción penal ocurrieron la mañana del jueves 1 de octubre en la Escuela Secundaria General No. 13 “Justo Sierra Méndez”, en el ejido La Unión. De acuerdo con las indagatorias de la Fiscalía General del Estado de Coahuila, los dos exalumnos irrumpieron encapuchados en el plantel alrededor de las 8:30 horas.
Utilizaron petardos y bombas molotov caseras para desatar el caos y, armados con machetes y hachas, atacaron al personal. En el sitio fue asesinada la subdirectora, Nedi Edith Nevárez González, de 56 años, quien intentó frenar la agresión. El ataque dejó también cuatro heridos graves: el profesor de español Ricardo Quintana, una joven de 17 años atacada en el exterior, y dos alumnos menores de edad, uno de los cuales, de 12 años, sufrió la amputación de una extremidad superior.
A raíz de la brutalidad del ataque, especialistas en salud mental comenzaron a evaluar los perfiles psicológicos de los agresores. La psiquiatra y adictóloga Ariana García Martínez señaló en declaraciones recopiladas por El Siglo de Torreón que detrás de conductas de este nivel suelen esconderse trastornos de personalidad graves, manejo patológico de la ira o dinámicas de aislamiento severo.
Los reportes de la comunidad coinciden en describir a los gemelos como jóvenes que siempre estaban “juntos y apartados de los demás”. Aunque manifestaron a las autoridades haber actuado por un “resentimiento profundo” contra la escuela, la línea entre un problema psiquiátrico de fondo y la radicalización ideológica sigue bajo análisis pericial.
Las autoridades también detectaron que los detenidos poseían fotografías de perpetradores de matanzas escolares en otros países y solían vestir de manera similar a ellos. Esta asimilación a subculturas violentas de internet (relacionadas con entornos virtuales radicalizados o comunidades incel) apunta a un fenómeno de trauma colectivo y desconexión social.
Ante esto, el Gobierno Federal de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, anunció un grupo de trabajo interinstitucional para emitir un decreto que obligue a las plataformas digitales a vigilar y retirar contenidos que inciten a la violencia. Mientras avanza el caso legal, la familia de los agresores se vio forzada a abandonar el ejido por temor a represalias de los pobladores.
Esta tragedia evoca de inmediato antecedentes similares en la propia región de la Laguna. El caso más directo ocurrió el 10 de enero de 2020, cuando un estudiante de 11 años perpetró un tiroteo en el Colegio Cervantes de Torreón. En aquella ocasión, el menor, influenciado por la masacre de Columbine en Estados Unidos, ingresó con dos armas cortas, asesinó a una profesora e hirió a seis personas antes de quitarse la vida.
Otro referente nacional de violencia extrema en aulas ocurrió en enero de 2017 en el Colegio Americano de Noreste, en Monterrey, donde un alumno disparó contra su maestra y compañeros.
Ambos episodios, al igual que el actual, reabren el debate sobre la urgencia de la atención psicológica en jóvenes y el control del entorno escolar en el país





