Por Cristopher Cabello

Lo que se sabe acerca de las civilizaciones antiguas que habitaron alguna vez la Amazonia, en Brasil, apenas sale a la luz. “Es la punta del iceberg, tenemos miles de preguntas y pocas respuestas”, dice el paleontólogo Alceu Ranzi, acerca del reciente descubrimiento de geoglifos monumentales al sur del estado de Amazonas y parte de Acre.

Para Ranzi, presidente del Instituto de Geoglifos de la Amazonia, y líder de este estudio reciente que halló cientos de estructuras en forma de geoglifos en una región apartada de la Amazonia, es posible que en esa zona habitara una civilización de más de 2 millones de habitantes y que tuviera como fecha de inicio el año mil antes de Cristo.

Sin embargo, y lo que es la nueva evidencia, es el hallazgo de los geoglifos, descubiertos sin necesidad de excavaciones por el uso de tecnología LiDAR, que permite ver lo que hay debajo del suelo.

El estudio liderado por Ranzi se publicó en la prestigiada revista científica Nature. Ahí, se explica que se nombró a esa antigua civilización como Aquiry, una población que, al parecer, no tenía centros políticos o una capital fija, vivieron dispersos en la zona, tenían una relación importante con la naturaleza y, lo más interesante, realizaron los geoglifos con el propósito de usarlos como lugares ceremoniales o puntos de reunión para celebraciones, aunque todavía la evidencia no es concluyente.


Arquitectura colosal

Ranzi detalla que logró ver con sus ojos algunos geoglifos al sobrevolar la zona de la Amazonia en Acre desde un jet y quedó impresionado. Al hacer algunas fotografías, decidió mostrarlas a un equipo de investigadores de Perú, ya que son famosos los estudios de las líneas de Nazca, realizadas en el 400 antes de Cristo por las culturas Paracas y Nazca.

“Cuando vi eso, busqué en la bibliografía brasileña y no había nada en la arqueología de aquí, no había nada previo. Por eso decidí ir al museo de Nazca y mostrarles estas fotos, quedaron impresionados al saber que esos geoglifos provenían de la Amazonia”, relata Ranzi, quien explica que las áreas quedaron libres de vegetación por la ganadería y sembradíos, y los geoglifos salieron a la luz y pueden verse desde el cielo. A partir de ese primer avistamiento, el investigador decidió explorar las zonas cercanas, pero ahora con tecnología LiDAR. El resultado fue mayor al esperado, relata.

“Con el LiDAR podemos ver lo que hay hacia abajo con profundidad, vemos lo que los ojos humanos no pueden ver, y el hallazgo fue impresionante, apenas en junio hicimos nuevos estudios con LiDAR y lo que puedo revelar es que no son cientos de estructuras, son miles, pero debo ser cauteloso con los datos”, detalla.

Los primeros estudios publicados en Nature apuntan que se exploraron con LiDAR 4 mil 400 kilómetros cuadrados entre los estados de Amazonas y Acre. En ese tramo identificaron 432 estructuras, de las cuales 396 nunca habían sido registradas. Esos geoglifos asociados a la civilización Aquiry se construyeron entre los años 600 a.C. y 850 d.C.

Para Ranzi, el apogeo de esta civilización pudo darse entre los años 100 y 300 d. C, momento en que la población habría alcanzado entre los 2 y 3 millones de habitantes, dato que se atreven a dar por la gran cantidad de geoglifos y por su monumentalidad.

Esa zona donde están enterrados los geoglifos está llena de caminos, predomina la vida agrícola y hay algunas poblaciones. Un siguiente nivel de la investigación será el análisis antropológico de las poblaciones que han permanecido ahí por siglos, para conocer más sobre los Aquiry y si existió descendencia en algún momento.

Sin embargo, cuando los portugueses llegaron a conquistar el territorio luego del 1500, los Aquiry ya no estaban en esa zona, por lo que su declive no tuvo nada que ver con la conquista portuguesa del territorio de Brasil, dice Ranzi.

“Creemos que los Aquiry habían desaparecido o se habían ido 500 años antes de la llegada de los europeos al continente, y es un dato importante, porque su desaparición es contemporánea al declive maya, eso te dice que algo importante pasó en toda la zona en ese momento”, explica.

Aún así, dice Ranzi, es espectacular encontrar estructuras así de grandes en una zona donde hay nada más que vegetación y algunas zonas para ganadería.

Para entender la importancia de los geoglifos, es necesario comprender esa zona de la Amazonia, donde no hay piedra, solo tierra, por eso los antiguos hacían zanjas, con el objetivo de modificar de alguna forma sus lugares sagrados. “Hacían geometría monumental. La mayoría de los geoglifos son zanjas y varían en tamaño, hay zanjas de hasta 15 metros de ancho y 5 metros de profundidad”.

Para el también geógrafo, este hallazgo es solo el inicio de una serie de estudios que desarrollarán arqueólogos y antropólogos para conocer más sobre los Aquiry, su posible influencia en otras culturas posteriores y su cosmovisión.

De momento, y por lo que muestran los geoglifos, parece que los habitantes vivían en paz, tuvieron abundancia de alimentos y no necesitaban entrar en guerra con otros grupos. Explica que no se han encontrado restos humanos, ni enterramientos, ni cementerios hasta el momento, y Ranzi lo atribuye a que la Amazonía, por sus características naturales, transforma los elementos que quedan en la tierra en materia orgánica de forma acelerada.

El enigma que tiene trabajando a los investigadores es la forma en que los Aquiry lograron crear esas formas perfectas en los suelos haciendo zanjas y sacando tierra. “Hacían relieves y lograban hacer pentágonos, octágonos, cuadrados, círculos perfectos, de gran tamaño, imagina como se tenían que organizar para remover la tierra, imagina los grupos de trabajo para marcar las líneas, para pensar en las figuras. Es fascinante”, apunta Ranzi.

Eso le habla al paleontólogo de una sociedad que vivió en paz y dedicó su permanencia a habitar la zona con mucho respeto a la naturaleza, remarca Ranzi.

De acuerdo con los análisis, es posible que los Aquiry dejarán de hacer los geoglifos cerca del 850 de nuestra Era. Aún no se sabe con exactitud qué sucedió ni a dónde fue la población. Lo que Ranzi señala es que su declive se dio a la par que los mayas dejaron la zona de Yucatán y poco a poco la vegetación cubrió sus pirámides.

“No hay evidencias de por qué desaparecieron, no podemos decir la razón, podemos dar hipótesis, pero nada es concluyente, aunque podemos decir que hubo alguna crisis climática”, refiere.

Esta investigación de largo aliento, explica Ranzi, es apoyada por instancias internacionales, así como por la Universidad de Helsinski, de Finlandia, y por el gobierno de Brasil.

El paso siguiente de la investigación es terminar con los análisis de gabinete de algunos materiales recogidos en la zona estudiada, y la parte antropológica, que dirigirá sus esfuerzos a conocer si algunos habitantes de zonas cercanas tienen idea de lo que significaba para los Aquiry la formación de esas figuras geométricas. “Queremos saber su cosmovisión, si esos dibujos hoy tienen algún significado para ellos, si forman parte de sus narrativas actuales”, concluye Ranzi.

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