Washington/CDMX.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, coincidieron en que ambas naciones se encuentran “muy cerca” de alcanzar un acuerdo comercial y arancelario definitivo. Las negociaciones buscan desactivar las tensiones que han marcado la agenda bilateral durante los últimos meses.
El mandatario estadounidense utilizó sus comparecencias desde la Casa Blanca para asegurar que el entendimiento con su principal socio comercial es inminente. Trump ha insistido en que el diálogo progresa de forma positiva para los intereses de su país.
Sin embargo, el optimismo de Washington se topó con la cautela de la administración mexicana. La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró en su conferencia de prensa matutina que, si bien las conversaciones están “muy avanzadas”, todavía no se ha concretado la firma de ningún documento oficial.
La delegación mexicana, liderada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, mantiene un contacto permanente con el Departamento de Comercio de Estados Unidos. El objetivo central de México es destrabar los complejos nudos técnicos que aún persisten en la mesa de negociación.
El origen de esta negociación de emergencia se remonta a julio de este año, cuando Donald Trump decidió congelar la renovación automática del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Esta medida obligó a los tres socios comerciales a replantear profundamente la estructura del pacto multilateral.
Desde la perspectiva estadounidense, la presión comercial se ha convertido en una pieza clave de la narrativa electoral. En un mitin celebrado en Kansas, de cara a los comicios de medio mandato del próximo 3 de noviembre, Trump reiteró que su prioridad absoluta es reducir el déficit comercial con México.
El presidente estadounidense ha endurecido su discurso político al afirmar ante sus simpatizantes que la economía de su país tiene “todas las de ganar” en este proceso. Según sus palabras, la Casa Blanca posee “todas las cartas” frente a sus vecinos del norte y del sur.
Por su parte, el Gobierno de México ha delineado con claridad sus prioridades y sus líneas rojas para el cierre de este pacto. La delegación mexicana centra sus esfuerzos en conseguir la eliminación, o al menos una reducción sustancial, de los pesados gravámenes que ahogan a la industria nacional.
Los puntos de mayor fricción comercial se concentran actualmente en los sectores metalúrgico y automotriz. México busca revertir con urgencia los aranceles del 50% impuestos por Washington al acero y al aluminio, así como la tasa del 25% que pesa sobre las exportaciones de vehículos.
A pesar de la urgencia económica, la administración de Sheinbaum ha enfatizado que no aceptará condiciones que vulneren la Constitución o la soberanía nacional. El Gobierno mexicano se mantiene firme frente a las presiones paralelas de Trump, quien también busca forzar concesiones en materia de seguridad fronteriza.










