Por Miguel Flores Pineda
Efraín Juárez está a 180 minutos de convertirse en el técnico que le devolvió la gloria a los Pumas.
Escribiría su nombre con letras de oro en la historia auriazul, la misma institución que lo vio nacer, formarse y crecer como futbolista profesional.
A los 12 años de edad, se integró a las fuerzas básicas de los Pumas, con el sueño de debutar en el primer equipo.
Lo consiguió y, durante dos años (2008-2010), defendió la camiseta del conjunto universitario, hasta que emigró a Europa. La promesa ya era una realidad.
Jugó en Escocia (Celtic), España (Real Zaragoza) y Noruega (Valerenga). También tuvo un breve periodo con los Whitecaps de Vancouver, en la MLS.
Después de haber hecho de todo como jugador, decidió poner fin a su carrera, sorprendentemente, a los 31 años.
Su hambre por convertirse en director técnico era más grande que la de seguir jugando.
Primero, tuvo que picar piedra y se volvió auxiliar en el New York City (Estados Unidos), así como el Standard de Lieja y el Brujas, ambos clubes de Bélgica. Hasta que recibió su primera gran oportunidad.
El Atlético Nacional de Colombia le abrió las puertas y, en menos de seis meses, ya se había proclamado campeón de Liga y de Copa.
Cuatro meses más tarde, los Pumas confiaron en su canterano para tomar el timón del barco auriazul, que navegaba en aguas de incertidumbre.
Un año después, Juárez respondió a la confianza con una final en Liga MX.
El niño que llegó de 12 años a La Cantera está a dos partidos de ser el artífice de la ansiada Octava. Sí, su historia con el club felino “es película”, como él mismo lo diría.








