Washington, D.C.— El presidente estadounidense Donald Trump consumó este viernes un nuevo y drástico desmarque político y personal al forzar la renuncia de Kimberly Guilfoyle como embajadora de Estados Unidos en Grecia, luego de que salieran a la luz graves acusaciones de corrupción y tráfico de influencias que salpican directamente a la Casa Blanca.

La salida de Guilfoyle, confirmada oficialmente por la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Katie Zacharia, se precipitó tras revelaciones periodísticas del diario The Wall Street Journal. Los reportes señalan que la diplomática —quien asumió el cargo en Atenas en septiembre de 2025— habría ofrecido acceso político a cambio de prebendas y solicitado 100,000 dólares a un donante republicano para pagar su tarjeta de crédito personal, además de aceptar viajes de lujo financiados por empresarios griegos.

De “nuera” e íntima aliada a completa extraña

El elemento más llamativo de la jornada fue la velocidad con la que el mandatario desmanteló los lazos afectivos e institucionales que lo unían a Guilfoyle. Durante años, la ex presentadora de televisión fue considerada una “nuera” sumamente cercana al clan presidencial, desempeñando roles clave como recaudadora de fondos en las campañas de Trump y manteniendo un noviazgo y compromiso de cuatro años con su hijo mayor, Donald Trump Jr.

Sin embargo, al ser cuestionado por periodistas sobre el escándalo, Trump aplicó un frío distanciamiento y declaró tajantemente que Guilfoyle “no era miembro de su familia”, subrayando que la relación sentimental con su hijo terminó hace bastante tiempo.

El conocido patrón de la “amnesia selectiva”

Este drástico giro no es un hecho aislado, sino la repetición de un patrón de conducta sumamente ensayado por el mandatario estadounidense. A lo largo de su trayectoria política, Trump ha recurrido de forma sistemática a la estrategia de la “amnesia selectiva” para proteger su capital político cada vez que un miembro de su círculo íntimo o un aliado de alto perfil cae en desgracia o se ve envuelto en un escándalo legal.

Históricamente, figuras que en su momento gozaron de su máxima confianza y compartieron la primera línea del poder político han terminado siendo descritas por el presidente como colaboradores “menores”, personas con las que “apenas habló” o con quienes nunca tuvo un vínculo real. En esta ocasión, la fórmula se repite con Guilfoyle: en el momento en que se convirtió en un pasivo político y en el blanco de investigaciones éticas, su largo historial de lealtad al movimiento MAGA y su cercanía familiar fueron borrados de golpe por la narrativa de la Casa Blanca.

Guilfoyle promete dar batalla

A través de un comunicado emitido en su cuenta de la plataforma X, Kimberly Guilfoyle rechazó categóricamente los señalamientos de corrupción, calificándolos de “acusaciones falsas”. A pesar de haber sido despojada del respaldo presidencial y de su cargo diplomático en Grecia, la exfuncionaria aseguró que planea “defender enérgicamente su nombre, su reputación y su integridad” ante las investigaciones formales que ya comienzan a coordinarse en Washington.

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