Por Sebastián García Méndez

Lo que ha provocado la Selección Mexicana en el país y en gran parte de Estados Unidos va más allá del jugar bonito. El equipo de Javier Aguirre está muy lejos de la espectacularidad, pero muy cerca de los buenos resultados.

El Tricolor goleó 3-0 a República Checa para sumar tres puntos más y por primera vez, finalizar una Fase de Grupos de manera inmaculada. El buen futbol es lo de menos, el Estadio Ciudad de México volvió a vibrar en grande.

Las calles de la capital, sus plazas más importante y el Coloso de Santa Úrsula transpiran ilusión y la culpa es de Javier Aguirre y sus dirigidos, que ya suman 11 partidos sin perder y además, siguen sin recibir gol en esta Copa del Mundo.

Todo le sale al Tricolor en casa y llegar al tercer duelo con el boleto a los dieciseisavos de final en la mano le permitió realizar rotación de jugadores dando oportunidad a quienes no tuvieron mucha actividad en los dos primeros compromisos.

Mateo Chávez al 55, Julián Quiñones al 61 y Álvaro Fidalgo al 90+4, fueron los autores de una goleada histórica en el Azteca, que tuvo todas las emociones, en especial, la emotividad.

Lamentablemente, no todo fue de 10, ya que el grito homofóbico se presentó en par de ocasiones.

Mateo, en su primera titularidad dio un gran partido; Mora, brilló como los grandes; Quiñones sigue encendido y Fidalgo entró de cambio y respondió. México cumplió en grande, pero ahora viene lo mejor.

Ya instalados en la ronda de dieciseisavos de final y en espera de rival, la Selección Mexicana quiere seguir haciendo historia en la tercera Copa del Mundo que se disputa en casa. El sueño luce lejano, pero nadie le quitará a la gente la ilusión de seguir diciendo “¿y si sí?

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