El fenómeno de las personas que dicen identificarse con animales —conocidas en internet como therians— no es simplemente una broma o una moda pasajera, ni tampoco algo que los expertos consideren una enfermedad mental en sí misma, aunque sí está generando mucha confusión y debates serios tanto en psicología como en la sociedad.

La difusión de éste fenómeno en las redes sociales ayudó mucho a que otros se interesaran cada vez más, primero por curiosidad, luego por pasatiempo, hasta convencerse de que algo similar habían estado sintiendo antes y que ahora hallaron a otros como ellos.

Los animes japoneses, los videojuegos, las películas para adolescentes, pudieron haber influenciado a crear este fenómeno que cada vez más arrastra a jóvenes de todo el mundo a seguir esta corriente contemporánea. Realmente, solo desde hace unos pocos años se ha visualizado cada vez más, aunque algunos encuentran sus inicios en los años 90s, muy discretos, sin redes sociales y sin ánimo de ser vistos.

Una persona entrevistada en medios mexicanos explica cómo no es simplemente actuar, sino sentirse conectado con múltiples animales de forma interna:

“Ser therian es identificarse, no autopercibirse. Puede ser psicológico, espiritual o físico… siento conexión con el ornitorrinco porque desde que soy niña siempre me ha gustado nadar, y sentí que entendía esa parte de mí desde siempre.”

Este tipo de relatos muestran que, para algunos, la identidad se vive como parte integral de la personalidad, no solo un juego o una moda.

El posible origen de los therians

Hay información más o menos clara sobre dónde se originó y dónde está más visible o activo este fenómeno social, aunque no existe un “mapa oficial” con cifras globales. Lo que muestran los reportes recientes y antecedentes es lo siguiente:

La comunidad therian como identidad moderna no surgió en un solo país o región física, sino en espacios digitales de internet en los años noventa, especialmente en foros de discusión en inglés donde personas con experiencias no humanas se conectaron por primera vez. Esto fue previo a redes sociales modernas y permitió consolidar lenguaje y comunidad alrededor de la identidad animal interna.

Argentina y Uruguay aparecen con mayor visibilidad mediática y presencia de jóvenes que se identifican como therian, con videos, reuniones y cobertura de medios locales.

Chile (ciudades como Rancagua, Concepción e Iquique) ha reportado presencia de grupos jóvenes y menciones en redes sociales. Paraguay también ha surgido como punto de encuentros según publicaciones de comunidades online.

En varios países latinoamericanos, incluidos México y percepciones en redes públicas, el fenómeno ha sido mencionado aunque con menor organización formal en espacios públicos, hasta ahora, ya que se han anunciado reuniones que han acaparado la atención mediática, generando tanto fuertes críticas, como expresiones de júbilo en esa comuniadad.

Esto hace que en Sudamérica la presencia social del fenómeno sea más notoria en 2026 y en medios nacionales de varios países.

Antes de esta oleada reciente, comunidades therians han existido desde hace décadas en países de habla inglesa (especialmente Estados Unidos y Reino Unido) porque muchos de los foros iniciales y documentación online vienen de esos lugares. Por eso en plataformas en inglés muchos miembros históricos reportan que allí hay una base significativa del fenómeno, aunque menos visible en espacios públicos hasta ahora.

También se han documentado menciones y presencia ocasional en otras regiones como Australia, lo que indica que la identidad no es exclusiva de una sola área geográfica.

¿Qué significa ser un therian?

Therian proviene de la palabra therianthropy (del griego therion “bestia” y anthropos “humano”). Hoy se usa para describir a personas que sienten una conexión profunda, emocional, simbólica o incluso espiritual con un animal específico. No significa creer literalmente que se han transformado físicamente en una criatura, sino que su sentido de identidad incluye elementos que asocian con ese animal.

Se diferencia de comunidades como los furries, que suelen ser subculturas creativas o de entretenimiento centradas en personajes con características animales, muchos de series o programas, más que en una identidad interna.

¿Es una moda, una identidad real o algo más? No hay consenso único entre expertos, pero los enfoques principales son:

Fenómeno cultural y de identidad: Muchos profesionales ven esto como una forma moderna de construcción de identidad y búsqueda de pertenencia. Sobre todo entre adolescentes y jóvenes, sentirse diferente o “fuera de lugar” puede llevar a formar comunidades donde se comparten experiencias similares.

Influencia de Internet: El auge de redes sociales como TikTok ha amplificado visibilidad y difusión de estas expresiones; lo que antes era una subcultura pequeña se ha convertido en un fenómeno viral en varios países.

Un joven que se identifica como zorro describe su vivencia:

“Siento que mi forma de ser se asimila a la de un zorro… nunca encajé en los estereotipos de humanos al 100 %.”

Este testimonio subraya una sensación de no pertenecer totalmente a las categorías humanas convencionales, algo que muchos therians comparten.

Dentro de sus comunidades, muchos discuten sobre qué significa realmente ser therian:

Algunos sienten una identidad pura de animal (no solo una analogía).

Otros describen cambios de estado o “shifts” donde su percepción interna se vuelve más animal.

Hay debates en foros sobre si la conexión fue algo inherente desde la infancia o si surgió después de encontrar la comunidad.

Esto indica que no hay una sola forma de sentirlo, sino una variedad de experiencias subjetivas.

¿Es una enfermedad mental?

Los psicólogos y psiquiatras no consideran que identificarte como therian sea en sí un trastorno mental. No aparece como diagnóstico en manuales psiquiátricos estándar y no cumple criterios de patología por el simple hecho de existir.

Sin embargo:

Existen formas clínicas de therianthropy tradicional (historias documentadas) donde la persona cree literalmente que ha cambiado a forma animal; estos casos han sido asociados con síntomas psicóticos y otros diagnósticos psiquiátricos y son completamente distintos al fenómeno social actual.

Estos casos obviamente no pueden generalizarse a cada individuo “therian”, solo son eventos aislados que se han estudiado y del cual hay estudios e información que los documentan.

Algunos estudios académicos han explorado aspectos psicológicos, encontrando relaciones con ciertas características de personalidad o con neurodivergencia (por ejemplo, rasgos autistas o formas atípicas de pensamiento), pero estos hallazgos no significan que ser therian sea automáticamente un problema mental.

Más bien reflejan que, como muchas identidades sociales, puede coexistir con otras condiciones sin ser causada por ellas.

En comunidades en línea, hay testimonios muy expresivos de cómo se sienten:

“Me identifico como un perro, un golden retriever… hay un tirón en el pecho cuando veo a otro perro, quiero caminar a cuatro patas y siento mi cola aunque no la vea.”

“Algunas personas sienten que su mente o alma es más animal que humana… no se trata de una broma, sino de una experiencia interna.”

Estos relatos muestran que la experiencia puede manifestarse tanto en sensaciones internas (“falsa cola”), impulsos físicos (querer caminar como el animal) y sentimientos emocionales.

¿Debe tomarse en serio?

Muchos expertos y profesionales sugieren abordarlo con comprensión más que con alarma:

Desde la psicología social, este fenómeno se interpreta como una manifestación de identidad y comunidad en un mundo hiperconectado, donde los jóvenes exploran aspectos de sí mismos y encuentran grupos con quienes compartir experiencias.

El enfoque clínico solo entraría en juego si la identidad animal provocara sufrimiento significativo, deterioro en la vida diaria o síntomas que indiquen una enfermedad mental real (por ejemplo, delirios persistentes sin conciencia de realidad).

Al escuchar las múltiples razones por las cuales decidieron expresar su nueva identidad, podemos simplemente vislumbrar que encajan en esta nueva tribu urbana porque pueden hacerlo, sin dañar a nadie, tal y como otros eligen pertenecer a otros grupos sociales.

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