La congresista demócrata Melanie Stansbury rechazó tajantemente la propuesta de Donald Trump de cambiar el nombre de Nuevo México a “Nueva América”, asegurando que la identidad y la historia de su estado natal “no están a debate”.

A través de sus plataformas oficiales, Stansbury envió un mensaje frontal al mandatario: “Sr. Presidente, nuestro Estado no le pertenece para cambiarle el nombre. Nuestra historia no le pertenece para borrarla”. La legisladora recordó que la cultura e identidad de la región fueron forjadas por generaciones mucho antes de que existiera el propio Donald Trump o los Estados Unidos, acusándolo además de recurrir a publicaciones polémicas para intentar distraer y dividir al país frente a problemas críticos reales.

La controversia escaló luego de que Trump reviviera la idea en la plataforma Truth Social, argumentando de manera infundada que renombrar el territorio como “New America” incrementaría la plusvalía de las viviendas, los ingresos familiares y aportaría “prestigio”. “¡No somos México, somos los Estados Unidos de América!”, insistió el mandatario.

Un frente unido contra la propuesta de Trump

El rechazo hacia la propuesta de la Casa Blanca ha sido generalizado y ha unido a múltiples personalidades políticas del estado:

  • Gobernadora Michelle Lujan Grisham (Demócrata): Arremetió en redes sociales cuestionando a qué fracaso de políticas públicas busca distraer Trump esta vez. “Nuevo México era Nuevo México mucho antes de que existieran los Estados Unidos y lo seremos por siempre”.
  • Senador Ben Ray Luján (Demócrata): Manifestó el orgullo de los habitantes por su nombre y su hogar. “Mucho después de que Donald Trump deje el cargo, seguiremos siendo Nuevo México”, añadiendo que la denominación representa siglos de ricas tradiciones y cultura que no se pueden borrar.
  • Senador Martin Heinrich (Demócrata): Se sumó a la negativa enfatizando firmemente que siempre se referirá al estado por su verdadero nombre.
  • Congresista Gabe Vasquez (Demócrata): Sostuvo que el mandatario no tiene el poder de desaparecer la identidad regional. “No vas a borrar a Nuevo México. Ni nuestro nombre, ni nuestra historia, ni nuestra cultura”.
  • Gregg Hull (Republicano): Demostrando que el desacuerdo trasciende partidos, el candidato republicano a la gobernación también se opuso públicamente al cambio. Hull subrayó que el territorio lleva consigo la valiosa historia de las naciones nativas y el legado español, por lo que “Nuevo México no necesita un nuevo nombre”.

Analistas políticos locales e informes legales recuerdan que un presidente carece de la facultad constitucional para cambiar el nombre de un estado. Aunque la administración de Trump ha renombrado cuerpos de agua con fines de uso federal, como el Golfo de México a “Golfo de América”, cualquier modificación al nombre de un estado soberano requiere de procesos constitucionales locales y el voto directo de la ciudadanía neomexicana.

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