El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, urgió el lunes a que Sudán y Etiopía rebajen sus tensiones, en momentos en que aumentan los temores sobre un posible recrudecimiento del violento conflicto en el Tigré.

En una conversación telefónica con el primer ministro de Sudán, Abdalá Hamdok, Blinken expresó «la necesidad de reducir las tensiones entre Sudán y Etiopía sobre el área fronteriza de Al Fashaga, incluyendo los compromisos recientes de iniciar un diálogo para resolver la cuestión», afirmó el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.

Esta zona fértil, reclamada por ambos países, ha experimentado una escalada de las hostilidades a medida que Sudán ha ido enviando tropas, que Etiopía considera una invasión. 

Las tierras de cultivo limitan con la región etíope del Tigré, donde Adís Abeba lanzó una ofensiva contra los líderes locales en noviembre, obligando a unos a 60.000 refugiados a huir hacia Sudán.

Estados Unidos se ha mostrado cada vez más crítico con Etiopía, un aliado de larga duración, y Blinken ya afirmó anteriormente que la campaña en el Tigré implica una «limpieza étnica».

Las relaciones de Washington con Sudán, sin embargo, han mejorado bastante desde que Hamdok, un civil, asumió el poder en un gobierno de transición tras el derrocamiento del dictador Omar al Bashir.

Sudán pagó la semana pasada 335 millones de dólares de indemnización para las víctimas de atentados del grupo yihadista Al Qaida en 1998.

El secretario de Estado discutió igualmente sobre los últimos intentos de impulsar la diplomacia en la Gran Presa del Renacimiento en Etiopía, que Adís Abeba lleva adelante pese a las protestas de Sudán y Egipto, que dependen en gran medida del agua del Nilo.

Las conversaciones lideradas por Estados Unidos, durante el mandato del expresidente Donald Trump, no consiguieron alcanzar una resolución. Emiratos Árabes se ha ofrecido recientemente a mediar.  

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