El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, visitará Ucrania el próximo mes en una muestra de apoyo «inquebrantable» a ese país tras la reciente concentración de tropas rusas a lo largo de las fronteras. 

En las últimas semanas Moscú había desplegado hasta 100.000 soldados cerca de las fronteras norte y este de Ucrania y en Crimea, generando preocupación ante la posibilidad de una escalada. 

Pero el viernes pasado anunció que había comenzado a retirar sus tropas, y Kiev y la OTAN saludaron esa noticia.

La visita de Blinken, del 5 al 6 de mayo, tiene como objetivo «reafirmar el apoyo inquebrantable de Estados Unidos a la soberanía e integridad territorial de Ucrania frente a la agresión en curso de Rusia», señaló un comunicado del portavoz de Blinken, Ned Price.

El jefe de la diplomacia estadounidense se reunirá con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, y debería promover medidas contra la corrupción, una exigencia de larga data de los aliados occidentales de Kiev, precisó Price. 

Las tensiones entre Moscú y Washington están en su punto álgido en un contexto de desacuerdos sobre Ucrania, el destino del encarcelado opositor ruso Alexei Navalni y acusaciones de espionaje, interferencia electoral y ciberataques que Estados Unidos atribuye a Rusia.

El presidente Joe Biden sugirió a su homólogo ruso, Vladimir Putin, en una entrevista telefónica a mediados de abril mantener una reunión en el verano boreal en un tercer país para una cumbre destinada a estabilizar las relaciones bilaterales. 

«Es la vieja forma de los jefes de la diplomacia: ir a algún lugar para llevar a cabo una operación de comunicación, para decir ‘Sí, Estados Unidos se preocupa por usted y lo apoya en tales y tales cuestiones políticas'», dijo Yuval Weber, especialista en Rusia y la zona euroasiática del Kennan Institute en el Wilson Center de Washington. 

La reciente demostración de fuerza de Rusia, dijo, tenía como objetivo enviar un mensaje a la nueva administración de Biden. 

Y aunque Moscú retiró tropas después de lo que describió como ejercicios militares, no se llevó el armamento, un gesto que recuerda a los preparativos que llevaron a la ofensiva de 2008 contra Georgia, apunta el investigador. 

«La acumulación de tropas se ha normalizado hasta cierto punto, por lo que la próxima vez (…) será un poco menos sorprendente», añade.

Kiev ha estado combatiendo a los separatistas prorrusos en las regiones del este de Donetsk y Lugansk desde 2014, luego de la anexión de la península de Crimea por parte de Moscú. 

Un alto el fuego decidido en julio pasado quedó en la nada este año, y los enfrentamientos entre las fuerzas ucranianas y los separatistas han aumentado considerablemente desde enero. 

Aunque por lo general se considera que los separatistas cuentan con el respaldo político y militar de Rusia, Moscú lo niega.

El conflicto se ha cobrado más de 13.000 vidas.

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