¿Las nuevas regulaciones contra el blanqueo de dinero acabarán con la cultura del secreto arraigada en el mercado del arte? El sector defiende viejos hábitos de discreción que favorecen las transacciones.

Desde siempre, los ricos coleccionistas aprecian la confidencialidad que también forma parte del universo misterioso de las casas de subastas.

Cuando se adjudicó un Botticelli el mes pasado por 92 millones de dólares en Sotheby’s en Nueva York, se supuso que el comprador era un oligarca ruso, porque la oferta había sido hecha por un consejero de rusos ricos. 

Pero la realidad no es tan simple, señala Scott Reyburn, periodista especializado para el podcast The Week in Art. «A veces, coleccionistas muy ricos recurren a licitadores cuyos nombres evocan tal o cual nacionalidad para garantizar su propio anonimato y cubrir las pistas». 

Hoy en día, los reguladores de Europa y de Estados Unidos quieren acabar con la práctica del secreto, que representa también una bendición para las redes criminales.

Las nuevas normas contra el blanqueo de dinero estipulan que los comerciantes de arte y antigüedades en el Reino Unido y en la Unión Europea deben informar quienes son los verdaderos beneficiarios de sus ventas.

El Congreso de Estados Unidos aprobó una legislación similar que podría entrar en vigor en 2022.

Algunos casos de la última década han servido para justificar este apriete de tornillos: como cuando el banquero brasileño Edemar Cid Ferreira compró un Basquiat por 8 millones de dólares y luego lo envió a un centro de almacenamiento en Nueva York con documentos de aduanas falsos que lo estimaban en 100 dólares.

Pero algunos comerciantes de arte se quejan de que se les describe sistemáticamente como cebos para los círculos criminales. 

– Investigaciones en lugares equivocados –

«La dificultad, explica Marion Papillon, presidenta del Comité Nacional de las Galerías de Arte, es que las autoridades reguladoras nos dicen que no se denuncian suficientes personas. Ahora bien, se les explica que no se les denuncia por no haber hecho negocios con ellos». 

«Cada vez que sientes algo sospechoso, terminas la relación. Es muy difícil de explicar a la oficina francesa de lucha contra el blanqueo de dinero (Tracfin) que quiere que vayamos al final de la transacción para denunciar».

Una marca en el suelo indica a los visitantes mantener la distancia en el Museo de Bellas Artes de Montreal, Canadá.
Una marca en el suelo indica a los visitantes mantener la distancia en el Museo de Bellas Artes de Montreal, Canadá. ©AFP

Los comerciantes de arte también temen un impacto financiero negativo, ya que el secreto que rodea la identidad de sus clientes es su activo más apreciado.

Además, las pequeñas galerías independientes tienen que investigar los antecedentes de sus clientes como si fueran bancos.

Desde Londres a París, los galeristas también argumentan que los reguladores investigan en los lugares equivocados, y que los malhechores van a privilegiar las transacciones anónimas en línea.

Sin embargo, la mayor parte del mercado del arte occidental admite que los días gloriosos del club privado confidencial han pasado, y que la opinión pública no llorará por la suerte de los ricos coleccionistas que perderán su anonimato.

Con las nuevas regulaciones, ¿cómo se van a adaptar estos mercaderes de la vieja escuela? Una posibilidad, según Amy Whitaker, especialista del mercado del arte en la universidad de Nueva York, es que utilizan tecnologías como la cadena de bloques para «permitir seguir garantizando la confidencialidad mientras se mantiene un registro de las compras».

Pero esto requiere una revolución cultural en un sector donde «muchas personas todavía están imprimiendo sus correos», señala.

Finalmente, los comerciantes podrían preferir las ventas a hurtadillas entre viejos conocidos que enfrentarse a un rompecabezas burocrático.

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